septiembre 23, 2009

Cine y literatura en Chile

Una historia antigua y desconocida

Relación entre el cine y la literatura
El vínculo entre la literatura y el cine nacional tiene una historia poco contada. Desde Martín Rivas y "La chica del Crillón", la historia del cine chileno suma numerosas películas basadas en textos literarios. Algunos títulos llevados a la pantalla son Campo de sangre, basada en la novela de Oscar Castro y dirigida por Enrique Vico; Deja que los perros ladren (1961), obra de teatro de Sergio Vodanovic, dirigida por Naum Kramarenko; Tres tristes tigres (1969), obra de teatro de Alejandro Sieveking, dirigida por Raúl Ruiz; Actas de Marusia (México, 1976), novela de Patricio Manns, dirigida por Miguel Littin; Ardiente paciencia (Alemania, 1983), escrita y dirigida por Antonio Skármeta; Alsino y el cóndor (Nicaragua, 1982), basada en la obra de Pedro Prado, dirigida por Miguel Littin; Amelia López O'Neil (1990), basada en una crónica de Joaquín Edwards Bello, dirigida por Valeria Sarmiento; Eloy, inspirada en la novela homónima de Carlos Droguet; La casa de los espíritus y De amor y de sombra, mega producciones internacionales inspiradas en la novelas de Isabel Allende; y Subterra, dirigida por Marcelo Ferrari, basada en la obra de Baldomero Lillo.

La relación entre el cine y la literatura es de antigua data y ha generado un valioso aporte a la historia del cine nacional. No sólo los directores se inspiraron en obras para el rodaje de sus películas, sino que también los escritores fueron seducidos por este nuevo lenguaje. Es así como, a pesar que, las primeras películas nacionales fueron tomas de la vida cotidiana, hacia fines de la década de 1920, se rodaron películas como Manuel Rodríguez, estrenada en 1920, cuyo argumento fue una adaptación de la novela de Alberto Blest Gana, Durante la reconquista, y Martín Rivas (1925), basada en la novela homónima del mismo autor.

En sus comienzos, el cine nacional se nutrió del teatro, que aportó no sólo con actores y técnicos sino también con textos de calidad a la producción de películas. Para algunos críticos, los dramaturgos fueron los "escritores puentes" entre el novelista y el guionista de cine, cabe mencionar por ejemplo a Antonio Acevedo Hernández, Rafael Maluenda y Víctor Domingo Silva. Otros géneros literarios también hicieron un aporte al cine mudo chileno, así por ejemplo, Alberto Santana realizó dos películas basadas en textos literarios: El monje (1924) inspirada en el poema de Pedro Antonio González; y El caso GB (1925), cuyo argumento está basado en la colección de cuentos Al desnudo, de Gustavo Balmaceda.

La irrupción del cine sonoro produjo un gran cambio en el mundo cinematográfico. Este fenómeno afectó negativamente a Vicente Huidobro, quién acababa de recibir un premio por su novela-film Cagliostro, publicada en 1934.

Nace Chile Films

El 16 de julio de 1942, a través del Decreto Supremo Nº 2581 se creó Chile Films, filial de la Corporación de Fomento de la Producción CORFO, con el objeto de dar un impulso a la producción de películas chilenas. Los estudios de Chile Films eran los más avanzados de Sudamérica, lo que permitió que el cine nacional continuara su desarrollo con un impulso renovado.
En el año 1944, se estrenaron las primeras películas rodadas en este espacio, "Un romance de medio siglo" y "Hollywood es así". Uno de los objetivos fundamentales de Chile Films fue el intento de generar un mercado para sus producciones, de modo tal que su público no se limitara sólo al nacional. Bajo esta premisa se rodaron películas como "La dama de la muerte", ambientada en Londres, y "El diamante del maharajá", en la India.
Por otra parte, la empresa produjo noticiarios de buen nivel que eran exhibidos en los cines antes de la proyección de las películas, obteniendo el reconocimiento del público. Paralelamente, la producción de largometrajes continuó aún cuando no respondían a las espectativas de la empresa. Algunos filmes de este período fueron La dama sin camelias, de José Bohr; Tormenta en el alma, de Adelqui Millar; Memorias de un chofer de taxi, de Eugenio de Luigoro; Yo vendo unos ojos negros, de René Olivares; Esperanza, de los argentinos Francisco Mujica y Eduardo Boneo. Para parte importante de la crítica especializada, éste último filme marcó el primer hito en el decaimiento de la actividad cinematográfica, terminando con el entusiasmo de su creación.

1973
Después del golpe de Estado de 1973, el cine nacional se estancó. Sin embargo, debido a la persecusión y al exilio, su evolución continuó en otras latitudes, destacándose por ejemplo, "La muerte y la doncella" de Ariel Dorfman y "El cartero" de Antonio Skármeta, por mencionar algunas. En Chile, hacia finales de la década de 1970 apareció "Julio comienza en Julio", dirigida por Silvio Caiozzi, reconocido director de cine que posteriormente filmó "Coronación", basada en la obra de José Donoso.

A partir de la década de 1990, la vinculación entre cine y literatura continuó vigente, proporcionando nuevas formas de expresión como es el caso de las adaptaciones de cuentos chilenos para la televisión y la versión de Subterra, inspirada en la obra de Baldomero Lillo y dirigida por Marcelo Ferrari.
fuente: www.Memoriachilena.cl


Vean el Trailer de Sub-Terra y espero les haya gustado este articulo.

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