agosto 10, 2009

Las Salas de Cine en Chile (1896-2000)

De los Teatros a las cadenas Internacionales

Cuando el cine arribó a las costas chilenas, en los últimos años del siglo XIX, fue rápidamente adoptado por la comunidad del entretenimiento. Los empresarios teatrales y revisteriles probaron suerte con este nuevo invento en los intermedios de sus espectáculos de variedades. De esta forma, el hogar natural del cinematógrafo fue, por mucho tiempo, el teatro. Aún cuando algunos galpones fueron acondicionados exclusivamente para representaciones cinematográficas, hasta la década de 1950, es muy difícil poder hacer una separación tajante entre sala de cine y sala de teatro.

*Asociación Cinematográfica de Valparaíso

Estas primeras salas presentaban, por supuesto, películas mudas, pero no por ello el espectáculo era silente. Por el contrario, las salas bullían de sonido, no sólo del pianista acompañante, sino de los espectadores que comentaban a viva voz el film, lo que provocaba constantes quejas de cinéfilos en la prensa. Ir al cine en las primeras décadas del siglo XX era un gran evento. Los asistentes se vestían con su mejor tenida; no era raro ver los días domingo cines repletos con espectadores parados en los pasillos o incluso siendo desalojados por la fuerza pública, para evitar accidentes. Las desgracias eran bastante habituales en estas salas, ya que el soporte de los films (nitrato de celulosa) era sumamente inflamable. La lista de incendios de teatros es larga y lamentable. La autoridad, municipal primero y luego central, dictó sucesivas ordenanzas a partir de la década de 1910 para evitar las tragedias, como la de disponer de máquinas en buen estado, operadores calificados, pasillos amplios, prohibición de fumar, desinfección permanente (para evitar contagios de gripes), etc.

*Teatro Carrera, 1926

La espectacularidad del cine hizo que ya para comienzos de la década de 1930 el cinematógrafo desplazara al teatro como primera opción de entretenimiento de los chilenos. La mayor parte de los teatros ofrecían cada vez más cine y menos obras en vivo. Entre los dueños de teatros se aseguraba que el biógrafo era el mejor negocio. Los principales desafíos que enfrentaron estos empresarios era ofrecer al público variedad de programas, cumplir las ordenanzas municipales y evitar la censura. Algunos empresarios comprendieron que, para atraer al público, debían preocuparse no solo de la importación de los films, sino también del espacio donde se exhibían. Se construyeron fastuosas salas, adoptando modelos extranjeros, los “cine-palacios”. Así, hubo salas de cine para todos los gustos, céntricas y en barrios, con entradas caras y baratas, etc. Se estima que hacia 1938 había cerca de 250 salas de cine en todo el país.

Con la penetración de la televisión y la crisis económica de la década de 1970, el negocio cinematográfico en Chile fue decayendo. A fines de esa década no se contaban más de 50 salas en todo el país. Frente a esta crisis, el Estado chileno intervino en un negocio que, hasta entones, estaba exclusivamente en manos privadas, nacionales y extranjeras. Durante el gobierno de la Unidad Popular, el Estado pasó a administrar directamente salas de cine, en forma de arriendo, a través de Chile Films. El gobierno de Augusto Pinochet continuó con esta política y hasta 1988, año de privatización de Chile Films, el Estado administró diversos cines como los capitalinos Gran Palace, Imperio y Tobalaba, entre otros. En la década de 1990 el mercado del cine registró un gran remezón con la llegada de las cadenas internacionales Cinemark, Hoyts y Showcase, masificándose en todo el país el formato del multicine. Rápidamente la mayor parte de la oferta cinematográfica en Chile pasó a manos de empresas multinacionales (70% a nivel nacional, 90% en Santiago), registrándose además un gran aumento en el consumo cinematográfico. Actualmente se cuentan más de 200 salas en todo el país. Al parecer el cine volvió a ser una de las diversiones preferidas en las grandes ciudades chilenas.

Cine palacios

Los “cines palacios” comenzaron a surgir en Chile en la década de 1920. Todo en ellos era monumental: sus tamaños (algunos podían albergar hasta casi tres mil espectadores), sus conchas acústicas, sus elegantes foyers, sus estilos arquitectónicos importados de Europa y Estados Unidos, en los cuales se mezclaban el art déco, neoclásico, beaux arts, barroco.
*El Teatro Colon de Valparaiso en la decada de 1920

El Teatro Esmeralda fue el primero en su tipo, y durante mucho tiempo el teatro más grande de Chile. Inaugurado en 1922 por la empresa de Aurelio Valenzuela, tenía una capacidad de 2.600 espectadores, divididos en cuatro zonas: palcos, platea, balcón y galería. Se ubicaba en calle San Diego 1025, al llegar a Avenida Matta. Para su inauguración se invitó al presidente Arturo Alessandri y se contó con la música de acompañamiento de una orquesta de 8 integrantes, conducidos por el maestro Félix Gómez. Ese día, el 31 de marzo de 1922 se presentó el siguiente programa:

1) Match de box entre Becket y MacCormick
2) Película de la construcción del Esmeralda
3) Corazón de valiente por William Hart y Catalina MacDonald
4) Chaplin Atorrante.

La entrada más cara (palco) costó seis pesos, mientras que la galería 40 centavos. Sin embargo este teatro tendría una breve primera vida: a fines de la década de 1920 fue consumido por un incendio. Posteriormente fue reconstruido, pero con dimensiones menores.

Otros “palacios” le siguieron:

:: Teatro Carrera (1926) ubicado en la Alameda en el barrio Concha y Toro, con capacidad para 1.500 espectadores.
:: Teatro Nacional (1929) ubicado en el barrio Independencia, con 2.250 butacas.
:: Teatro Real (1930) en calle Compañía, con capacidad para 1.600 personas
:: Teatro Baquedano (1931) en la plaza Baquedano, apto para 2.300 asistentes
:: Teatro Central (1933) en Huérfanos con Ahumada, con 1.250 butacas.

Es interesante notar el cambio arquitectónico de estos años. Las primeras salas nombradas presentaban estructuras clásicas de teatro (disposición semi-circular de las butacas, palcos laterales, gran escenario, profusa decoración, etc.), mientras que los últimos presentaban una arquitectura que sería más propia de los cines, en donde las butacas miraban hacia la pantalla rectamente, sin mucha ornamentación que distraiga la vista.

*Espectadores de cine en el Teatro Carrera, 1926

Incendios de teatros

Debido a la iluminación a velas los incendios de teatros eran habituales incluso antes de la llegada del cine. Pero con los proyectores cinematográficos aumentaron considerablemente los riesgos. La composición química de la película -nitrato de celulosa- era altamente inestable y por ende muy inflamable. A veces ni siquiera era necesario el contacto con calor para que ardiera, ya que con el tiempo y la oxidación, el material nitroso podía liberar y acumular gases y arder por combustión espontánea. Una bodega de cintas de nitrato era, casi literalmente, un polvorín y por ello muchos optaban por destruir el material y no conservarlo.
Además de los factores técnicos, hacían más peligroso el espectáculo la concentración de espectadores en los pasillos, sobre todo los domingos, y la falta de preparación del personal proyeccionista. Algunos periodistas denunciaban que los empresarios empleaban personal sin ninguna preparación al mando de máquinas viejas y que carecían de tambores de seguridad para guardar los rollos. Los principales municipios urbanos dictaron ordenanzas para controlar la situación y crearon el cargo de Inspectores de Teatro para certificar las normas, la presencia de mangueras, el ancho de las puertas, etc. En 1931 por fin la autoridad central se preocupó del tema, aunque marginalmente, disponiendo al interior de la primera Ley General de Servicios Eléctricos que los proyeccionistas de cine debían ser eléctricos con formación. Pero el cese de las tragedias sólo vendría con los avances técnicos. A partir de 1940 la industria química logró reemplazar al inestable nitrato de celulosa por el incombustible acetato de celulosa, como soporte de las películas.

*El Teatro Politeama de Santiago incendiado en 1908

*El Teatro Odeón de Valparaíso incendiado en 1905

Fuente: imagenes y textos www.memoriachilena.cl

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